Estado y Capital: el estado del arte en el debate sobre la derivación del Estado

septiembre 16, 2024 Español / Latest news and Upcoming events

Brasil – 16 de Septiembre – Seminario Latinoamericano de Debate sobre la Derivación del Estado

Universidad de Sao Paulo / Universidad Federal de Sao Paulo – Brasil

1.       Gaza.

Imposible hablar del Estado en este momento sin hablar de Gaza. Desnuda al Estado, no solamente al Estado israelí, sino la esencia de lo que es el Estado como forma de organización social: brutal, racista, inhumano.

Entonces decidí cambiar el título de mi ponencia. En lugar de Estado y Capital: el estado del arte en el debate sobre la derivación del Estado, decidí llamarla El Estado es una forma de organización brutal, racista, inhumana. ¿Entonces qué? ¿Qué hacemos?

¿Eso, qué tiene que ver con el debate sobre la derivación del Estado? Mucho. El debate se desarrolla en términos muy abstractos, pero tiene implicaciones políticas muy fuertes y muy relevantes. Eso lo entendieron los estalinistas cuando ejecutaron a Pashukanis en 1937.

¿Qué son estas implicaciones? Primero que el Estado es un Estado capitalista. Proyecta la apariencia de ser un Estado potencialmente neutro dentro de la sociedad capitalista, pero no es así. Es un Estado capitalista. Me imagino que todos ustedes votaron por Lula contra Bolsonaro en la última elección, yo hubiera hecho lo mismo. Pero eso no cambia el hecho de que Lula es jefe de un Estado capitalista, parte de la dinámica de destrucción que es el capitalismo.

Esa es la primera conclusión del debate derivacionista. El Estado es un Estado capitalista. No es que tenga una autonomía relativa respecto al capital, como argumentaba Poulantzas, cuyas ideas todavía tienen mucha influencia. Contra las apariencias, el Estado es una forma particular del capital, de las relaciones capitalistas, una forma que genera su propia apariencia de neutralidad. El capital es un conjunto de formas particulares que proclaman su autonomía pero que son parte de la misma totalidad. En El Capital, Marx criticó esta autonomía de las formas sociales a través de un proceso de derivar una forma de la otra: el valor de la mercancía, el trabajo abstracto del valor, el dinero de mercancía-trabajo-abstracto-valor, el capital del dinero etcétera. Si pensamos en cualquier sociedad como una cohesión social, una totalidad más o menos coherente de relaciones sociales, entonces el método derivacionista de Marx en El Capital demuestra la fuerza de esta cohesión, el carácter cerrado de esta totalidad. Lo que faltaba era la derivación del Estado. Un tema muy importante, porque parece que el Estado no forma parte de esta cohesión, de esta totalidad cerrada, parece que puede funcionar como contrapeso al capital. Entonces la meta de los participantes en el debate, como también fue la meta de Pashukanis en 1924, fue mostrar que, a pesar de las apariencias, el Estado es parte del mismo conjunto capitalista de formas sociales, es decir parte de la misma totalidad capitalista. Es una forma específicamente capitalista de relacionarnos el uno con el otro.

Entonces NO al Estado. Esta es la conclusión más importante del debate, para mí. La particularización de la forma Estado a veces se confunde con la idea de la autonomía relativa del Estado. Pero no es así. La idea de la autonomía relativa es un argumento para participar en el Estado, así lo entendía Poulantzas y así lo maneja gente como Álvaro García Linera, el ex vicepresidente de Bolivia. Hablar de la particularización del Estado, no de la autonomía relativa del Estado, es decir en primer lugar que el Estado es una forma capitalista de relaciones sociales. Si estamos en contra del capital, estamos en contra del Estado como forma de organización social.

Realmente hay dos líneas de argumentación que surgen del debate sobre la derivación del Estado (y me imagino que las dos están aquí presentes). Las dos son importantes, son muy diferentes, pero no son incompatibles necesariamente. La primera se puede entender como una teoría del Estado, la segunda como teoría del anti-Estado.

La primera línea se enfoca en el Estado. Si entendemos al Estado como una forma particular del capital, se siguen varias cosas.

En primer lugar, si la existencia del Estado se deriva del capital, está claro que el Estado tiene que promover la reproducción del capital. Es decir que tiene que asegurar la máxima rentabilidad posible del capital. Si no lo hace, el capital se va a ir a otro lado. Si no lo hace y el capital se va, va a haber más desempleo y más pobreza. Si no lo hace, no va a haber impuestos suficientes para pagar a los funcionarios. Eso impone límites muy fuertes a lo que pueda hacer un gobierno de izquierda. Puede ser que Lula sea mejor que Bolsonaro, pero no hay que esperar demasiado del gobierno de Lula. No es cuestión de traición a las luchas de la clase obrera, es simplemente que está encerrado en una institución que le impone límites muy fuertes.

Eso se vuelve más claro si tenemos presentes que el Estado no es un Estado sino más de doscientos Estados, una multiplicidad de Estados. Esta consideración no estuvo en los primeros aportes al debate, pero fue el tema principal de un artículo de Claudia von Braunmühl, que decía que tenemos que entender al Estado no aparte de un capital nacional, sino a partir del mercado mundial o del movimiento global del capital. Hay un capital que se va moviendo por el mundo buscando la máxima ganancia posible y hay muchos Estados tratando de atraerlo, diciendo al capital “¡ven acá, ven acá! ¡Yo te voy a dar todo lo que necesitas!” Los Estados son Estados competitivos, como dice Joachim Hirsch en un libro ulterior, existen en competencia el uno con el otro para atraer al capital. El capital no tiene nacionalidad.

Otra cosa que surge del debate que afecta a cómo entender el Estado es que la particularización del Estado significa una separación real entre Estado y capitales. Tiene que asegurar las mejores condiciones para la rentabilidad del capital, pero no necesariamente sabe cómo hacerlo. Las políticas públicas son necesariamente un proceso de prueba y error, algo enfatizado en el trabajo de Alberto Bonnet y Laura Álvarez.

Además, esta separación real entre capitales y Estado es importante para la reproducción del capital en su conjunto. Si un Estado llega a vincularse demasiado con un grupo de capitales, lo que pasa bien seguido, entonces eso puede impedir la reproducción del capital en su conjunto. Por eso la importancia de las elecciones como reestructuración periódica de la relación entre Estado y capitales.

Otra implicación del debate para el entendimiento del Estado es que nos da una manera de entender las tendencias históricas de la organización estatal. Si el Estado tiene que asegurar la acumulación del capital, su desarrollo está marcado por el desarrollo de la acumulación. El capital pasa por un proceso repetido de crisis y posible reestructuración, y el Estado está enfocado cada vez más en apoyar el capital que se ubica dentro de su territorio, para que sobreviva y se reestructure a través de la crisis. Eso implica una intensificación de la competencia con otros Estados y también una intensificación de la disciplina social dentro del territorio del Estado. Es en este contexto que hay que entender el auge del autoritarismo y el militarismo en el mundo en este momento y las tendencias hacia la expansión de la guerra. Gaza no como excepción sino como expresión de una tendencia mundial. Todos somos Gaza, no sólo por empatía con los palestinos sino también porque estamos viendo nuestro propio futuro posible.

Todo esto me parece muy importante, pero dije hace un momento que hay dos líneas de argumentación que surgen del debate sobre la derivación del Estado. La primera es la que acabo de delinear y que está aceptada por todos que siguen el debate, probablemente. La otra enfatiza más bien el rechazo al Estado como forma de organización social.

La particularización del Estado respecto a los capitales es al mismo tiempo una particularización respecto a la sociedad. La violencia necesaria para mantener una sociedad basada en la explotación se separa de la explotación y se constituye en un Estado aparentemente neutro. De ahí el título del artículo de Wolfgang Müller y Christel Neusüss que inició el debate,“La Ilusión del Estado de Bienestar y la Contradicción entre Trabajo salariado y Capital. De ahí también la pregunta famosa de Pashukanis, ¿Por qué la dominación de una clase no sigue siendo lo que es, es decir la subordinación de una parte de la población a otra parte? El ejercicio de la violencia y la administración social necesaria para mantener todo el sistema de explotación se concentra en esta instancia llamada Estado. Es una cerrazón, un “váyanse a la casa”. La constitución del Estado es la creación de un cuerpo de funcionarios que trabajan de tiempo completo en administrar la sociedad. Lo tienen que hacer de una manera que promueve la acumulación del capital. Eso requiere la exclusión de lógicas alternativas, la construcción día a día de una lógica que apoya la acumulación, es decir el dominio del dinero, de la rentabilidad. Si un movimiento surge para cambiar algún aspecto social, el Estado responde “sí, los escuchamos, ahora váyanse a la casa, nosotros lo vamos a resolver”. Con eso, cierran la puerta y tratan de resolver o administrar el problema de una manera que no interrumpa la acumulación del capital. La existencia del Estado es un proceso cotidiano de excluir, de excluir a nosotros. Esta exclusión es necesaria para promover la acumulación del capital. Es característica de cualquier Estado, autoritario o democrático. Las elecciones son una forma muy efectiva de exclusión: “los escuchamos, ahora váyanse a su casa y nos vemos dentro de seis años, si no, los vamos a tener que reprimir”.

Es un proceso de excluir. La palabra “proceso” es muy importante. El Estado es una forma de relaciones capitalistas, como el valor, el dinero, etc. Pero todas estas relaciones son procesos que enfrentan resistencia todo el tiempo. Las formas capitalistas son en realidad forma-procesos, procesos de formar, procesos que generan contra-procesos

El Estado también es un proceso que genera oposición. Es un proceso de exclusión que genera una lucha contra esa exclusión. El “váyanse a la casa” que es el centro de la forma estatal se enfrenta con un “No, no nos vamos. Nosotros queremos resolver este problema. No queremos estar excluidos de la determinación del desarrollo de nuestra sociedad.” En términos generales, el Estado, como forma de relaciones sociales, como exclusión, se enfrenta con un anti-Estado, con la práctica y el proyecto de hacer las cosas de otra manera, según otra lógica. La teoría del Estado nos lleva a una teoría del anti-Estado, de la política anti estatal. Eso para mí es lo más importante del debate sobre la derivación del Estado.

¿Qué quiero decir por una política anti estatal? Es una política que combate la particularización del Estado, es decir, una política que busca superar la exclusión que está inherente en la existencia del Estado. Si el Estado está constituido por su separación respecto a la sociedad, el Anti-Estado mueve en la dirección opuesta, como reabsorción de lo público dentro del Estado.

Primero, algo que toca a todos nosotros que trabajamos en el Estado. Sabemos que trabajamos en una institución capitalista, pero estamos en contra del capitalismo. Trabajamos en-y-contra el Estado. Si trabajamos en la educación, por ejemplo, estamos conscientes de ser parte de un sistema diseñado para producir trabajadores explotables, pero tratamos de ir en la dirección opuesta, de darle un contenido crítico o anticapitalista a nuestra actividad docente. Si trabajamos en la salud, estamos conscientes de ser parte de un sistema que trata a los pacientes como objetos e intentamos crear otro concepto de la medicina y del cuidado médico. Es cuestión de pensar en nuestra actividad cotidiana como una actividad que va en contra de la forma-Estado, en contra de la particularización respecto de la sociedad. Un libro que hizo un grupo de nosotros (como London Edinburgh Weekend Return Group), ya en 1979, In and Against the State, buscó explorar este tipo de política cotidiana anti estatal y tuvo un éxito sorprendente, lo que me hace pensar que somos muchos que, por una razón u otra, trabajamos dentro del Estado pero al mismo tiempo buscamos caminar en el sentido contrario. Incluso este congreso se puede entender en estos términos: un congreso dentro de una institución estatal que busca promover la reflexión y la acción anti estatal.

Si pienso en la política anti estatal, pienso también en la gran tradición de las luchas anti capitalistas. Los movimientos en contra del capitalismo se han organizado históricamente de dos maneras principales. Por un lado, tenemos la tradición del Partido: los partidos comunistas, socialistas, revolucionarios. Los partidos tienen al Estado como punto de referencia central y buscan conquistar al Estado para cambiar la sociedad. Eso implica adoptar la forma estatal, como forma de relacionarse, como forma de comportarse, como forma de organización. El resultado ha sido en todos los casos la reproducción del Estado que excluye. Es cierto que ha habido intentos desde los Estados de superar esa exclusión (como los presupuestos participativos en Porto Alegre o los concejos barriales promovidos por el gobierno chavista en Venezuela), pero siempre están dentro del marco general de respetar la prioridad de la acumulación del capital.

La otra tradición de organización anti capitalista es la tradición asambleísta, consejista, comunal: la comuna de Paris, los soviets rusos, las comunas de España, los asambleas kurdas y zapatistas. Son anti-Estados en el sentido de que, aún si no usan el lenguaje del debate sobre la derivación del Estado, sí buscan superar la particularización característica de la forma estatal. Es decir que buscan reapropiar la organización social que está expropiada por el Estado, buscan reabsorber la administración social dentro de la sociedad misma. La naturaleza capitalista del Estado no es cuestión de quién lo controla sino de una lógica excluyente que embona con la reproducción del capital. El rechazo al capital es un rechazo a esa lógica y la formulación e implementación de otra manera de hacer las cosas con otras formas de organización.

Entender al Estado como forma social nos ayuda a entender la urgencia de superar esa forma. La particularización respecto a la sociedad significa la abstracción, identificación, categorización, es decir la deshumanización de la gente. El Estado no se relaciona conmigo, John, como persona con mis idiosincrasias, mis locuras, mis amores, sino como ciudadano o extranjero, como número, como persona de la tercera edad. Me impone categorías, me impone una lógica basada en la abstracción, la identificación, una gramática. Uno puede decir que “bueno, sí, pero no importa”. O uno puede decir que esta separación básica entre ciudadano y extranjero, esta separación que es condición constitutiva del Estado como forma de dominación territorial, ha llevado a la matanza de millones y millones de personas en el último siglo y sigue causando la miseria del número enorme y creciente de migrantes en todo el mundo. El Estado como forma de organización es un entrenamiento constante en la identificación abstracta, deshumanizante. Es una escuela del fascismo. Esta deshumanización del Otro implícita en la existencia del Estado como forma de relaciones sociales es lo que hace posible el genocidio que se está perpetrando en Gaza en este momento. De ahí el título nuevo de mi ponencia: El Estado es una forma de organización brutal, racista, inhumana. ¿Entonces qué? ¿Qué hacemos?

John Holloway